La revolución en el chocolate

En el año 1728 el chocolate pasó de ser sólo bebido a algo parecido a la tableta solida que conocemos hoy en día. Este fenómeno originó la aparición de maestros artesanos que se encargan de darle forma llamados matriceros. De estos hay varios tipos pero, de los que hablaremos en este artículo son los que trabajan para el chocolate.stockvault-chocolate-factory216269

El proceso de creación tradicional no ha variado mucho durante los años, primero se diseña la pieza, se esculpe en arcilla blanda y se copia mediante molde a otro material mas duro, este es el que va a ser usado como matriz para realizar los moldes.

Este proceso, 100% manual, definía la habilidad del matricero. Los que trabajaban de forma mas limpia, con mas detalle y con piezas de mas fácil desmoldeo, eran los que estaban mejor valorados.

Con la aparición de las primeras impresoras 3D industriales se empezó a trabajar con otra forma de producir mas técnica de cara a la producción industrial y en masa modelos muy simplificados para minimizar los problemas de desmoldeo y pensados para realizar tiradas de cientos de miles de moldes para abastecer al gran mercado. Se ganó cantidad pero se perdió calidad, ese mimo que sólo la mano experta del maestro puede darle a la pieza.

Por otra parte, cada vez son menos los maestros matriceros que están en activo y el proceso de fabricación no haya cambiado mucho. Aunque existe un amplio abanico de materiales y nuevas formas de producción tanto de moldes como de matrices, se ha generado un abismo entre la producción industrial y la artesanal.

Con la aparición de la impresión 3D para el gran publico se ha abierto un nuevo camino entre los dos mundos. Actualmente existen programas que permiten al artista expresarse como artista, no como técnico o programador, por lo tanto aportan ese toque personal y el mimo que requieren según que piezas más elaboradas.

La escultura digital permite trabajar de forma limpia, precisa y efectiva, sin dejar de lado las cualidades artísticas de la persona que la está usando. Toda esta creatividad se puede materializar con la tecnología de impresión 3D actual, ya no estamos hablando de grandes máquinas industriales que superan los 30.000€, sino de impresoras de sobremesa que permiten trabajar desde pequeños talleres asequibles a todos los públicos. Las piezas que salen de estas maquinas pueden mecanizarse sin tener que pasar por otro proceso de moldeo, reduciendo así los costes.

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